A pesar de haber compuesto, en sus primeros años, dos sinfonías, cuatro oberturas de ópera, dos sonatas para piano y algunas otras obras instrumentales, cuando se habla de Richard Wagner (1813-1883) se piensa irremediablemente en sus óperas y es situado como uno de los compositores de ópera más importantes en la historia de la música.

Tal y como comenta Roger Alier (2011): «El fenómeno wagneriano desencadenado por la fuerte y contradictoria personalidad del compositor alemán Richard Wagner marcó toda la historia de la ópera alemana…» (p. 221).

Las primeras influencias de Wagner se encuentran en Beethoven y Goethe. Sin embargo, el compositor que influyó de manera decisiva en sus primeras óperas importantes fue Carl Maria Von Weber y su ópera Der freischütz (El cazador furtivo), estrenada en 1821. «Weber proporciona al joven Richard sus primeras y violentas impresiones musicales» (Rebatet, 1997, p. 431).

Un aspecto importante en Wagner es que será el autor también de los libretos y la escenografía de sus óperas. Esto le llevará cada vez más a la idea de la ópera como drama musical, donde todas las artes estarán al servicio de la obra de arte total (gesamtkunstwerk). Esta idea la desarrollará en ensayos como La obra de arte del futuro (1849) y Ópera y drama (1851).

Algunos de los rasgos musicales más característicos de Wagner serán la utilización de una armonía cada vez más cromática (como se puede ver en el preludio de Tristán e Isolda), la utilización de temas extraídos de la mitología nórdica o alemana, y el uso del leitmotiv o motivo conductor con el que puede representar desde personajes hasta situaciones o ideas. En el ciclo El anillo del nibelungo (1848-1874) Wagner llevará este uso del leitmotiv hasta sus últimas consecuencias.

La primera ópera importante de Wagner, donde ya atisbamos algunos de los rasgos anteriormente citados, es El holandés errante (1843).

La idea de componer esta ópera surgió cuando, en un viaje por mar de casi cuatro semanas, Wagner casi sufre un naufragio a causa de una fuerte tormenta y los tripulantes le pusieron al corriente de la saga de El holandés errante.

Es una ópera muy influenciada por El cazador furtivo de Weber y donde los fenómenos de la naturaleza se vuelven muy importantes.

La ópera se estrenó en Dresde en 1843 y su argumento gira en torno a la maldición de un marinero a vagar por el mar durante toda la eternidad. Únicamente puede pisar tierra cada siete años, y para buscar a una mujer que le sea fiel hasta su muerte, sólo así se liberará de su maldición. Vemos aquí, por tanto, otro de los temas más recurrentes en las óperas de Wagner, la redención por amor.

Los personajes más importantes de esta ópera son el holandés (barítono), Senta (soprano), Daland (barítono) y Erik (tenor).

Wagner, además, utiliza una gran instrumentación, con un poblado metal con 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones y tuba, y algunos instrumentos, algo exóticos en su época, como el gong, el flautín e incluso una máquina de viento.

La ópera se abre con la famosa obertura donde se van a presentar ya algunos de los motivos que van a aparecer posteriormente. «La propia obertura de Der fliegende holländer resulta así un verdadero compendio de la ópera y adquiere un sentido dramático que no se daba en las oberturas de los restantes compositores de este período» (Alier, 2011, p. 224).

 

 

Figura 1. Wagner, Der fliegende hollander, Ouvertüre. Fuente: http://imslp.org

 

La primera escena de la ópera cuenta cómo el capitán Daland intenta resguardar su barco de una fuerte tormenta. Esto le llevará a refugiarse en un golfo cerca de su tierra, donde pronto se encontrará con el barco del holandés errante.

Ya desde el comienzo del primer número (introducción) se observa cómo Wagner intenta situar al espectador en el drama mediante la descripción del vaivén del barco ante la fuerte tormenta, y de cómo las olas azotan el barco por medio de escalas cromáticas ascendentes y descendentes y cambios constantes de dinámica. Además, la tonalidad de sol menor indica la peligrosidad y dificultad por la que atraviesan los protagonistas de la escena.

 

Figura 2. Wagner, Der fliegende hollander, nº 1 Introduktion. Fuente: http://imslp.org

 

También se puede ver el embrión del motivo que aparecerá completo en la canción de los marineros del acto tercero.

 

Figura 3. Wagner, Der fliegende hollander, nº 1 Introduktion. Fuente: http://imslp.org

 

Incluso cuando Daland comienza a cantar su texto, el acompañamiento orquestal sigue describiendo el fuerte oleaje que hay a su alrededor. Se observa aquí como Wagner no resta importancia a la orquesta por el hecho de que Daland haya comenzado a cantar. Este es otro rasgo importante de las óperas de Wagner: sitúa en igualdad de condiciones a la orquesta y a los cantantes.

 

 

Figura 4. Wagner, Der fliegende hollander, nº 1 Introduktion. Fuente: http://imslp.org

 

Wagner supervisó para esta ópera todos los aspectos de la misma, desde la escenografía, el vestuario, la orquesta y el coro, la elección de los cantantes, etc. Además, como comenta András Batta (1999): «Las distintas partes de la obra son designadas por Wagner aún como números, pero se trata de grandes cuadros escénicos» (p. 769).

Por tanto, y como se apuntaba al comienzo, en El holandés errante se empiezan a perfilar los rasgos y la ideas que Wagner llevara al máximo de sus posibilidades en obras posteriores como Tristán e Isolda, El anillo del nibelungo o Parsifal.

«Como en ninguna otra de sus óperas, en El holandés se entrecruzan el pasado y el futuro de la obra de Wagner, el origen y la utopía. Con una mano sostiene el fino hilo de su obra temprana, en la otra las riendas del drama musical» (Thielemann, 2013, pp. 172-173).

 

 

Figura 5. Wagner, Der fliegende hollander, p. 1. Fuente: http://imslp.org

 

 

 

Bibliografía

Alier, R. (2011). Historia de la ópera. Barcelona: Ma non Troppo

Rebatet, L. (1997). Una historia de la música. Barcelona: Omega

Batta, A. (1999). Ópera. Barcelona: Könemann

Thielemann, C. (2013). Mi vida con Wagner. Madrid: Akal

 

 

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