El siglo XVIII estará marcado por la ilustración, el crecimiento económico, la migración de la población a las ciudades, las monarquías absolutas y las revoluciones que se producen en Francia y Norteamérica. Será una época donde todo se analiza y se trata desde un punto de vista racional. Tal y como afirma Philip G. Downs (1998): «Las líneas fundamentales del pensamiento dieciochesco se desarrollaron a partir del legado de las conquistas realizadas en el siglo XVII en el campo de las ciencias, matemáticas y la filosofía». Todos estos cambios van a influir decisivamente en una nueva concepción y estética de la música. Esta nueva sensibilidad musical, que en un principio se conocerá como estilo galante, se caracteriza por abogar por un estilo sencillo, en contraposición a la música anterior, que se considera demasiado ornamentada y artificiosa, por lo que se dejará de lado el estilo contrapuntístico predominante en el barroco en favor de la melodía con acompañamiento. La ruptura periódica de continuidad, las progresiones armónicas con jerarquía y una mayor utilización de contrastes emocionales serán otras de las características más importantes de este nuevo estilo clásico. Además, es interesante señalar que Heinrich Christoph Koch, en su Ensayo introductorio sobre la composición de 1787 (volumen 2), presentó la guía más completa de la música basada en principios retóricos, haciendo uso de la terminología propia de la retórica (frases, periodos) y llamando a los segmentos más breves de la melodía incisos.
Mozart añadió esta Sonata para piano en Do mayor KV545 en su catálogo el 26 de junio de 1788. Lo hizo, por tanto, en una época de madurez, tanto de su propio arte como del propio estilo clásico. Jean y Brigitte Massin (2003) la definen de la siguiente manera: «la presente sonata, destinada para el propio Mozart, visiblemente escrita con fines semicomerciales semipedagógicos, en la más cándida acepción que se pueda dar al Do mayor (¡seis semanas antes de la Sinfonía “Júpiter”!); lo que no excluye ni la ciencia ni la maestría, ni la impresionante delicadeza del colorido».

Figura 1. Wolfgang Amadeus Mozart. Fuente: https://www.austria.info/es/retratos/wolfgang-amadeus-mozart/
Efectivamente, dado su sencillez y simplicidad, parece que Mozart escribió esta sonata, entre otras cosas, por motivos comerciales. Ahora bien, ¿por qué escogió Mozart una sonata para piano para estos fines?
La respuesta parece evidente. Por un lado, tenemos la preponderancia del piano entre los instrumentos de teclado a finales del s. XVIII. Como señala G. Pestelli (1986): «El gran acontecimiento de la segunda mitad del siglo es la lenta, pero imparable, consolidación del pianoforte de martillos respecto del clave». Por otro lado, la sonata será la forma instrumental más importante y característica del clasicismo musical. La sonata surgirá de la necesidad de los compositores del siglo XVIII de introducir mayores contrastes expresivos en su música. En un principio, se considerará a la forma sonata como una forma bipartita, donde la primera sección correspondería a la exposición y la segunda sección englobaría las partes del desarrollo y reexposición. Será ya en el siglo XIX cuando los teóricos hablen de la forma sonata como una forma tripartita (exposición-desarrollo-reexposición).
Si analizamos los doce primeros compases de esta Sonata KV545 en Do mayor, podemos ver que se pueden dividir en tres frases de cuatro compases. La primera frase, a su vez, la podríamos dividir en dos semifrases. Los dos primeros compases corresponderían a una semifrase con carácter de antecedente, compuesta de dos motivos. El motivo A aparece en el primer compás, y se puede dividir en dos incisos, el primero sería el Do blanca y el segundo el grupo de dos negras. El motivo B aparece en el segundo compás y también lo podríamos dividir en dos incisos, el primero sería la negra con puntillo y el segundo el grupo de dos semicorcheas y negra. La segunda semifrase tiene un carácter consecuente, y al igual que la primera, es simétrica en la distribución de sus motivos e incisos. En el tercer compás tenemos de nuevo el motivo A, pero variado en la altura de sus notas, y en el compás cuarto nos encontramos también con una variación del motivo B. En cuanto a los incisos de esta segunda semifrase tenemos dos incisos en el compás 3 (blanca – dos negras) y dos incisos en el compás 4 (negra y corchea – dos semicorcheas y negra).
En esta primera frase, Mozart emplea únicamente los grados tonales (I, IV y V), terminando la frase con una cadencia perfecta en el compás 4. Además, utiliza el bajo Alberti para acompañar la melodía principal.
La segunda frase abarcaría desde el compás 5 al compás 8. En este caso tenemos un único motivo de semicorcheas que se repite en cada uno de los cuatro compases y que va descendiendo a distancia de intervalo de segunda de un compás a otro. Este motivo lo podemos dividir en dos incisos: el primero corresponde a las dos primeras partes del compás y asciende por grados conjuntos, y el segundo corresponde a las dos últimas partes del compás y desciende también por grados conjuntos.
La tercera frase abarca los compases que van del 9 al 12 y tiene un carácter de coda. Podemos dividir esta tercera frase en dos semifrases. La primera ocupa los compases 9 y 10, donde se emplea una variación del motivo de semicorcheas utilizado en la segunda frase, y donde podemos hacer la misma distribución en cuanto a sus incisos. La segunda semifrase (cc. 11-12), contiene dos motivos: un motivo de corcheas, con dos incisos, en el compás 11; y un motivo de negras en el compás 12. Mozart termina esta tercera frase con una semicadencia que da paso al segundo tema de la sonata y que está en Sol Mayor.

Figura 2. Primera página de la Sonata KV545 de Mozart. Fuente: http://imslp.org
Por tanto, y como conclusión, al analizar estos primeros compases de la Sonata KV545 podemos observar cómo Mozart plasma en esta obra algunas de las características más relevantes del clasicismo musical de la segunda mitad del s. XVIII: la simetría de los elementos formales (incisos, semifrases, frases) y el empleo de la ruptura periódica de continuidad, una textura homofónica de melodía con acompañamiento, la utilización del bajo Alberti para la realización de este acompañamiento, un primer tema (el analizado) en la tónica y que va a dar paso a un segundo tema que va a estar en la dominante (en este caso Sol Mayor), y la utilización del piano y la forma sonata como grandes referentes de la música instrumental de su tiempo.
Referencias bibliográficas
Downs, P. G. (1998). La música clásica. La era de Haydn, Mozart y Beethoven. Madrid: Akal
Massin, J. & Massin, B. (2003). Mozart. Madrid: Turner
Pestelli, G. (1986). Historia de la música, 7. La época de Mozart y Beethoven. Madrid: Turner


